22 dic. 2009

Las leyendas de la Alhambra

Como una cascada que se derrama buscando el Darro, el Albaicín se revela de forma diferente cuando se contempla desde la Cuesta de los Chinos. Entre los muros de la ciudadela y la vegetación propia de la colina comienza la visita guiada que la entidad cultural Ateneo Libertario organizó este sábado bajo el nombre de Las leyendas en el entorno de la Alhambra. Más de una treintena de personas escucharon absortas las historias de celos, amores, ambición y asesinatos que narró Rafael Villanueva Camacho, guía de la ruta, en torno al monumento nazarí.

De triste recuerdo por su pasado como camino que llevaba a los difuntos hacia su última morada, la Cuesta de los Chinos es uno de los accesos a la Alhambra menos transitado a pesar del romanticismo que irradia cuando se acerca la noche. Llamada Cuesta del Rey Chico en honor del último de los reyes narazíres, Boabdil 'el Chico', el camino recorre el exterior de la muralla y finaliza en la Mimbre, junto a Fuentepeña.

Durante su tránsito, frente al visitante se alza la Torre de Comares, imponiéndose como el grandioso salón del trono de la época nazarí. El Peinador de la Reina conserva aún todo el sabor musulmán en la sala baja, a pesar de ser una de las torres que más ha cambiado. La ruta se detiene en la Torre de las Damas, ya dentro de El Partal, desde cuyo observatorio -que no mirador- el rey Muhammad III disfrutó de su afición por los astros hasta quedarse ciego al final de sus días.

Divisando las casas de El Partal es inevitable la evocación de Aixa, madre de Boabdil, que primero defendió el derecho de su hijo al trono del Salón de Comares y después participó en la resistencia de Granada contra los Reyes Católicos. Al balcón también se asoma Zoraya, (Lucero del Alba), Isabel de Solís, de quién Muley Hacén quedó cautivo elevándola a la posición de sultana del reino. Tanto es así que quiso repudiar a Aixa en favor de su amante, así como deshacerse de su hijo mayor para legitimar a los de Isabel como herederos de la Corona.

Desde la prisión donde fue encerrado Boabdil por su cruel padre, la reina descolgó a su hijo con las ropas de cama, al amparo de la oscuridad de la noche. Al pie de la colina le esperaba un criado con un caballo, veloz en la carrera, para escapar con el príncipe a las montañas. Boabdil subió entonces al Palacio de Dalahorra e inició una guerra con su padre que concluyó con su subida al trono. Ésta es la leyenda. Pero, como advirtió Villanueva, "la verdad es que Boabdil se marchó a Guadix y más tarde fue elevado a rey dos veces".

Prosiguiendo el camino, las Torres de La Cautiva y de Las Infantas hablan de amores imposibles. En la primera estuvo prisionera la cristiana Isabel de Lara, raptada en Andújar y traída a Granada por un amigo de Boabdil que intentó conseguir sus favores sin éxito. Ella tenía un compromiso de matrimonio en su tierra con Manuel Ponce de León, quien atacó Bibataubín para rescatarla mientras la guardia bajaba a la ciudad. Junto a tres acompañantes escaló hasta la cima de la torre, donde le esperaba su enemigo sonriente: minutos antes, la amada Isabel se había arrojado al barranco por la ventana lateral ante el acoso del musulmán. Finalmente fue enterrada junto a Manuel Ponce de León.

La triste leyenda queda atrás al entrar por el Generalife para atravesar el Secano y llegar a los restos del Palacio de Abencerrajes, caballeros granadinos que fueron asesinados por el sultán, y al Parador de San Francisco. Ya en Siete Suelos, el guía explica el origen de la leyenda que cuenta que allí estaban los tesoros musulmanes. Se trata de la historia de Don Mendo, el gobernador de la Alhambra durante el reinado de Felipe II . Engañado por un viejo crápula, Don Mendo asesinó a su esposa y siete hijos¡ y les arrojó a la torre tras sufrir un ataque de celos. Desde entonces, todos los días salía al atardecer con su caballo y varios perros con el objeto de ahuyentar a los curiosos. Por eso se dice que "por la noche salía de la torre un caballo sin cabeza -el descabezado-, seguido por un perro deforme".

La Calle Real nos lleva a la Puerta del Vino y la explanada de los Aljibes, lugar único para contemplar el Albaicín. En este momento se entiende por qué se le llamó 'Cielo Bajo'. El final de la ruta está en la Puerta de la Justicia, con sus talismanes, llave y mano. Varias son las leyendas en torno a este lugar, si bien la más popular cuenta que el día que la llave del arco interior de la Puerta y la mano de su arco exterior se unan, es decir, si la Alhambra cae, será porque ha llegado el fin del mundo.

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